Ya estamos en el “totalitarismo dulce” que es el primer rasgo de “la postdemocracia”,
que se caracteriza por:
1) gobiernos
sedicentes (I) democráticos que se transforman en cratólogos, esto es, en
gobiernos a los que lo único que les interesa es el poder y sus
beneficios.
2) Un
gobierno donde la palabra democracia continúa siendo utilizada, pero en
realidad, lo que recubre es algo muy próximo a la oligarquía.
3) Otro
de los síntomas de la postdemocracia es la exaltación de la defensa de
los derechos humanos de tercera generación hasta transformarlos en ideología y
la pérdida e incumplimiento constante y cada vez más profundo de los derechos
de primera y segunda generación.
Y
mientras tanto el peronismo ha sido transformado en una bosta, más precisamente
en una boñiga, que es la bosta líquida, ya que la bosta sólida se denomina
retaca y por lo menos sirve para hacer fuego y calentarse. Así el peronismo
como boñiga es el que levanta la oposición. Es el que encarnan los personajes
del “la monserga peroniana” de las frases hechas y del pensamiento
establecido.
El
totalitarismo “dulce” se da en los sistemas “sedicentes”
democráticos, pseudos democráticos o que sólo cumplen con la formalidad
democrática, cuando el oficialismo desde el poder puede manejar a su gusto
e piacere, la oposición. Distinta es la hegemonía que se produce cuando el
discurso político de una nación está homogeneizado por un solo partido.
¿Qué
nos está permitido esperar a todos aquellos patriotas nacional-populares en serio?.
Una
redoblada lucha para romper con la inercia política actual en donde todo marcha
viento en popa para unos pocos que se enriquecen a costilla de “los muchos”,
pero llevando adelante la bandera de “esos muchos”.
Hemos
llegado al simulacro perfecto, a la estafa política, al cinismo más agudo de la
postmodernidad, aquel que hace creer al perjudicado (el pueblo) que está siendo
beneficiado por aquel (el gobierno) que, en los hechos, lo está
perjudicando.
Si
nosotros, los auténticos peronistas, los nacionalistas, los nacional-populares
no retomamos la lucha por romper con el cinismo político del totalitarismo
dulce, sólo vamos a poder esperar, lo mismo que esperaba Heidegger cuando
estaban entrando las tropas rusas en Berlín:Que el final no se demore.
"Politológicamente
sólo hay dos salidas al totalitarismo:
1) O se
rompe la inercia política con acciones políticas en contrario o,
2) Se
espera que el totalitarismo como Saturno(II), tal como decía el político y ensayista francés Honoré Riqueti de Mirabeau (1749-1791), se coma
a sus propios hijos. Y esto último puede llevar un cierto
tiempo.
Lic. Abel Ayala
(I) Se aplica irónicamente a la persona que se da a sí misma tal o cual nombre, sin convenirle el título o condición que se atribuye.
(II) Con el mito de Saturno nació una de las alegorías más
estremecedoras acerca de la transformación que el ansia de poder ejerce en los
seres humanos.